Hicimos escribir a ChatGPT en el estilo de autores famosos y el resultado es desopilante
ChatGPT inventa historias

BITÁCORA

Estuvimos experimentando con ChatGPT-4, la célebre inteligencia artificial. Una de las cosas más divertidas es ponerla a reescribir algo con el estilo de un autor conocido.

Le proporcionamos un texto tomado al azar de un periódico local, y este es el delirante resultado.

Reescribe este texto con el estilo de Emilio Salgari:

«Un mes después de las advertencias de Sergio Massa por el impacto de la inestabilidad política en la economía, las tensiones escalaron en el Frente de Todos y en Juntos por el Cambio. Milei es el candidato que más puede crecer en un escenario de caos. Negociación clave con el FMI y presión social para reformular el acuerdo.»

ChatGPT-4:

Al cabo de treinta días desde que Sergio Massa hiciera flamear la bandera de aviso ante el embate de la inestabilidad política sobre la frágil economía, el temporal se agitó de manera desmedida entre las filas del Frente de Todos y las de Juntos por el Cambio. Milei, el bravío candidato, se erige como el individuo con mayor potencial para robustecerse ante el caótico escenario que pinta el panorama actual.

La relevante negociación con el Fondo Monetario Internacional, una entidad a la que muchos equiparan con un temible leviatán de las finanzas, cobra un papel protagónico, mientras que la presión del pueblo, como una ola que amenaza con inundar la plaza, clama por reformular el tratado vigente. Ahora, los líderes políticos, al igual que valientes capitanes de navíos en medio de un turbulento mar, deben pilotear las tormentosas aguas de la política argentina, buscando la calma y el progreso para la nación.

Ahora en el estilo de Borges

Un mes, un lapso que bien podría ser un instante o una eternidad, se ha deslizado tras las amonestaciones proferidas por un tal Sergio Massa. Éste, presa de un espejismo o quizás una premonición, presagiaba los estigmas de la inestabilidad política en la economía. Se despliegan, entonces, ecos de desacuerdos en el vasto laberinto de los partidos: el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, nombres que son ecos de ideales perdidos en el tiempo.

Milei se erige, a la manera de un Aleph político, en la figura cuyo crecimiento es más plausible en este caos, que es, en definitiva, un reflejo de la infinita sucesión de causas y efectos que llamamos realidad.

El FMI, un monstruo tan real y etéreo como el Minotauro en su laberinto, se cierne en la escena, convirtiéndose en objeto de una negociación crucial. Paralelamente, la presión social, como un libro eternamente abierto, exige reescribir el acuerdo existente. Todo sucede en un tiempo circular, donde la política, la economía y el destino de los hombres parecen danzar en un complejo ajedrez del que sólo percibimos las sombras.

Como Gabriel García Marquez

Un mes completo, que bien parecía haber durado una eternidad, transcurrió desde que Sergio Massa, con una suerte de premonición a cuestas, lanzó sus advertencias al viento. Habló del peso del desorden político en la economía, esa criatura inasible que regula los destinos de hombres y mujeres. La inquietud creció como una planta silvestre en el jardín de los partidos políticos, el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, esas congregaciones de almas que buscan encontrar el rumbo del país.

Milei, un personaje pintoresco como sacado de un realismo mágico político, parecía ser el que, ante el caos, tenía la capacidad de crecer, de florecer como un cactus en el desierto.

Al mismo tiempo, una negociación con el FMI, ese dragón invisible y omnipresente de la economía global, se encontraba en un punto crítico, un precipicio a cuyo borde todos parecían asomarse. Y la presión social, esa voz colectiva que surge desde los rincones más insospechados de la sociedad, clamaba por una reformulación del acuerdo, como quien exige una segunda oportunidad a un amante despechado.

Como Cervantes

Un mes, no más, ha transcurrido desde que Sergio Massa, cual caballero andante del parlamento, alzó su voz en advertencia sobre la sombra que la inestabilidad política proyecta sobre la vulnerable economía, amenazando de desgarrarla cual dragón feroz. Y, ay, cómo han aumentado las tensiones, al igual que gigantes en el horizonte, entre los estandartes del Frente de Todos y Juntos por el Cambio, cada uno defendiendo su pedazo de tierra en este vasto y tumultuoso reino político.

Se destaca en medio de este escenario de caos, un tal Milei, el aspirante a caballero que puede crecer y fortalecerse más en este infortunado escenario. Una batalla crucial se encuentra en marcha, la negociación con el temible ogro del FMI, al mismo tiempo que se ejerce presión desde el pueblo, un coro de voces pidiendo a gritos la reformulación del acuerdo vigente. Un desafío digno de cualquier hidalgo, y que requerirá de toda la valentía y astucia que puedan reunir nuestros líderes políticos.

Como Bukowski

Un mes se fue al infierno desde que Sergio Massa, tratando de parecer un profeta, ladró sobre el jodido impacto de la política en la economía. Sí, la economía, ese juego de azar en el que siempre pierde el tipo común.

Se armó un infierno de lío entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Como dos borrachos en un bar peleándose por una botella de vino barato. Y en medio de esta danza macabra, Milei, el tipo que nadie veía venir, resulta ser el que tiene más chances de crecer en este circo en llamas.

Están jugando póker con el FMI, apretando las fichas como si fueran sus cojones. Y mientras tanto, el pueblo está harto, pidiendo a gritos un cambio de trato, como una mujer harta de su hombre borracho. Todo es un desastre, y alguien tiene que limpiarlo. Buena suerte con eso.

Como Lovecraft

Un mes, un ciclo lunar entero, ha transcurrido desde que Sergio Massa, parecido más a un oráculo ominoso que a un político, profirió advertencias sobre el impacto nefasto de la inestabilidad política en el entramado de nuestra frágil economía. Las tensiones, como criaturas informes y grotescas que acechan en la oscuridad, han escalado monstruosamente entre las entidades conocidas como el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, formando una danza caótica y alienante.

En medio de este pandemonium, Milei, un candidato aparentemente ordinario, se perfila como el que más podría proliferar, como una entidad que se alimenta del caos, en este escenario de desorden e incertidumbre.

Mientras tanto, se está llevando a cabo una negociación crucial con el FMI, una entidad tan formidable y distante como las antiguas y terribles deidades cósmicas de las que hablan las leyendas más oscuras. Al mismo tiempo, una presión social, tan palpable como un susurro incesante en las sombras, clama por la reformulación del acuerdo existente. Todo esto convierte el panorama actual en un terreno tan inquietante y lleno de misterio como las historias más oscuras contadas en la luz parpadeante de una vela.

Como un haiku

Vientos de cambio soplan,
En caos, Milei crece,
Pueblo pide paz.

Como un poema gauchesco

Hace un mes, nomás, de aquel que avisa,
el Sergio Massa, el que preveía la prisa
de cómo el desconcierto en la política entristece
a nuestra economía, que de susto se desvanece.

Los partidos, cual potros sin freno,
Frente de Todos y Juntos por el Cambio, andan sin dueño,
y en ese maremágnum, Milei se engrandece,
como un toro que al caos desafía y crece.

Con el FMI, moneda al aire, negociación a vencer,
y el pueblo que empieza a estremecer,
pidiendo cambio en el acuerdo, nueva traza,
así es la vida en nuestra tierra, esa pampa brava.

Como Neruda

Ha pasado un mes, una luna llena,
desde que Sergio Massa, entre susurros y penas,
advirtió del huracán político que en la economía siembra su semilla,
un tormento que entre sus fauces, a la paz traga y humilla.

Se agitan los vientos, se crispan las olas,
en el Frente de Todos y Juntos por el Cambio, la inquietud desborda,
Y en este escenario de caos y lamento,
Milei emerge, como un roble que al viento, crece lento.

La negociación con el FMI, ese gigante sin rostro,
se vuelve crucial en este holocausto,
y el clamor del pueblo, su rugido en la noche,
exige una reforma al acuerdo, una nueva luz que encienda el broche.

Como un aguafuerte de Roberto Arlt

Ha pasado un mes desde que Sergio Massa, con su rostro cincelado en seriedad como una estatua del viejo Dante en medio de su infierno, levantó la voz para advertirnos sobre la tempestad que la inestabilidad política iba a desatar en la economía. Una tormenta perfecta, señores, un vórtice que se abría entre nosotros y amenazaba con engullir a las frágiles entidades del Frente de Todos y Juntos por el Cambio, hasta convertirlos en barquichuelos perdidos en el mar.

Y en medio de ese naufragio aparece Milei, como un personaje rescatado de una de esas novelas bizarras que uno lee a escondidas en el rincón más oscuro de la biblioteca, demostrando que en el caos, también hay oportunidad para crecer, para transformarse, para reinar.

Ahora nos encontramos en medio de una negociación con el FMI, ese monstruo de mil cabezas y un solo propósito. Y mientras estos señores de corbata y palabras afiladas danzan su danza de números y porcentajes, la presión social se alza como un fantasma, una marea de rostros y voces clamando por una reforma del acuerdo. Aquí estamos, en medio del drama, del ruido y de la furia, intentando mantenernos a flote, en este mar bravo que es la Argentina.

Como Corin Tellado

Un mes completo, como un suspiro largo en la eternidad, se ha desvanecido desde que Sergio Massa, un caballero de la política, alertó sobre el trágico impacto de la inestabilidad política en la economía, como si predijera un romance tormentoso. Las tensiones, dulces y amargas, han aumentado, subiendo y bajando como el ritmo de un tango apasionado entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio.

Milei, con el encanto misterioso del desconocido en la trama, emerge como el candidato que puede crecer en un escenario de desorden y caos, como una flor que florece en medio de la desolación.

Se está llevando a cabo una negociación con el FMI, ese misterioso y poderoso pretendiente que todos temen pero necesitan. Mientras tanto, la presión social, como un clamor apasionado que emerge de la multitud, está pidiendo a gritos una reformulación del acuerdo. Es un drama, un drama tan intenso y emocionante como cualquier historia de amor y desamor.

Como Cortázar

Un mes, o quizás un juego de espejos donde sólo parece haber pasado un mes, desde que Sergio Massa, con la gravedad de un árbitro en una partida de ajedrez que se juega en varios tableros a la vez, advirtió sobre el embate de la inestabilidad política en la economía. Ahora, las tensiones crecen, se ramifican, se bifurcan como un árbol cuyas raíces se hunden en el Frente de Todos y en Juntos por el Cambio, entrelazándose en un juego de sombras y luces.

En el medio de este caos, este laberinto de decisiones y consecuencias, Milei emerge como el candidato con la mayor probabilidad de crecer, como un brote solitario que se abre paso entre las piedras.

Están en plena negociación con el FMI, una danza calculada y meticulosa como un tango en el que cada paso, cada gesto, puede cambiar el ritmo de la música. Paralelamente, la presión social, como un río subterráneo que bulle bajo la superficie, exige una reformulación del acuerdo. Así es este caleidoscopio que llamamos política, siempre cambiante, siempre sorprendente, siempre desconcertante.

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